Derechos de autor en la empresa periodística
Martes, 08 de Septiembre de 2009 16:16
Derechos de autor en la empresa periodística
Rodrigo Rojas
Junto a la industria del ocio y la cultura - léase compañías discográficas, la industria del cine y la literatura- los medios periodísticos y principalmente los diarios, han sufrido el fuerte cimbronazo que supuso la aparición de Internet y los nuevos medios de distribución de la información. Pero desde un año hacia atrás, la crisis global, las crisis locales, la estruendosa caída de la pauta publicitaria y la acelerada caída en la circulación han desatado lo que muchos editores de los principales medios del mundo denominan como “la tormenta perfecta”.
En este contexto es que se desarrolla el debate por los derechos autorales en los medios periodísticos. Debate que cuenta con dos actores principales. Con pensamientos, anhelos e ideas por momentos más o menos disímiles, pero inevitablemente con un claro lugar de encuentro: el dinero.
Por un lado están las empresas periodísticas con la necesidad de producir ganancia y por el otro los periodistas que para ellas trabajan que, editorialmente pueden estar más o menos cerca del medio pero que, reconozcámoslo, también necesitan y quieren ganar dinero. (Ver documento adjunto: Los periodistas quieren ganar dinero)
Para entender mejor esta problemática es bueno marcar que existen dos tipos de derechos: los económicos (copyright) y los morales. Los periodistas cuando firman su contrato laboral ceden los derechos económicos a la empresa periodística a cambio de un salario. Mientras que los derechos morales dan al autor el derecho inalienable e intransferible de reclamar la autoría de la obra y de oponerse a cualquier falseamiento, mutilación y atentado contra su obra que pudiese hacerse en menoscabo de su honor o de su reputación. Lo derechos morales son complementarios de los derechos económicos del autor al proteger la paternidad e integridad de su obra.
Si bien el problema de los derechos de autor sobre la producción periodística parece ser uno solo, resulta conveniente reflexionar en forma independiente sobre el alcance y los intereses de cada uno de estos actores.
En este caso, haremos foco sobre el fin que persiguen las empresas periodísticas cuando reclaman por hacer valer los derechos de autor de su producción, protegiendo su bien más preciado que es la producción de contenidos diferenciales, los problemas por los que atraviesan y las acciones que comienzan a tejer en busca de revertir una situación de crisis económica que las ha puesto en jaque.
Las empresas periodísticas
Durante décadas la prensa escrita ha gozado del privilegio de dominar el mercado de la información. Ha gozado de la bonanza de ser la dueña de las imprentas (nadie copia el diario a mano y fotocopiarlo resulta más caro y engorroso que el valor de tapa). Pero todo esto acabó con Internet, la conectividad creciente, las herramientas de publicación que les permiten a los usuarios distribuir y compartir la información sin mayores inversiones tecnológicas.
La crisis y la vertiginosa caída de los ingresos por publicidad amenazan ya de forma real la supervivencia de muchos periódicos. En este mercado de abundancia de información los medios no pueden crear escasez.
Ante este panorama los diarios buscaron todo tipo de alternativas para sostener la circulación de sus ediciones impresas. En los últimos años han abusado de los anabólicos (productos que acompañan a las ediciones impresas) y han hecho muchos intentos editoriales como los diarios locales por ejemplo.
Pero, cómo enfrentan la crisis desde sus ediciones Web, que son gratuitas y fácilmente copiables. La publicidad pareciese ser la fórmula, pero es sabido que la misma no se ha trasladado a los medios digitales, ni en cantidad ni en precio. La torta publicitaria se reparte en muchísimas más porciones en Internet. Los comerciantes aún prefieren ver sus marcas en el papel y las agencias de publicidad no han logrado todavía seducirlos al paso digital. Este es el gran dilema que deben resolver los medios.
Mientras tanto, la forma de atraer atención y tráfico fundamentalmente, es generar un producto diferencial. Crear contenidos profundos, únicos y novedosos. Pero, es sabido que para esto necesitan sostener sus estructuras profesionales y esto es dinero, mucho dinero. Porque además de mantener su plantilla de periodistas y fotógrafos especializados, la diversificación de sus productos (sitios de Internet con producción de audio y video) hace que deban realizar una constante y fuerte inversión en tecnología. Crecer en tráfico, también supone crecer en distintos soportes técnicos.
Los proyectos web de los medios gráficos en sus primeros años fueron subvencionados por la edición impresa. Pero hoy, cuando parecen haberse acabado los huevos de oro de la gallina, las empresas deben encontrar soluciones rápidamente, ya no hay tiempo para esperar ni un segundo más. El público no sólo ha dejado de leer el diario, sino que ha decidido dejar de pagarlo.
El primer impulso parece ser cobrar por los contenidos. Robert Murdoch, dueño de The Wall Strett Journal junto a otros editores han comenzando a elaborar estrategias para acabar con la experiencia gratuita de la lectura en Internet. Ya han dicho que en un plazo no muy lejano habrá que pagar por el acceso a los contenidos. Pero no será sencillo, el diario El País de España cerró sus contenidos por unos años para luego volver a abrirlos. Y esto da para pensar si el cerrojo es una opción viable.
La crisis financiera de los medios obviamente agudiza el conflicto por los derechos de copia de sus artículos. Y en este sentido Associated Press (la agencia de medios de Estados Unidos) luego de acusar a los indexadores de noticias como Google y Yahoo de alimentarse de los contenidos producidos por los periódicos y ganar millones con ellos ha anunciado la creación de sistema informático para detectar el copy&paste de sus contenidos en Internet. Incluso la agencia pretende cobrar por la publicación de titulares con links a sus noticias por parte de terceros.
Tom Curley, presidente y director ejecutivo de AP dijo que incluso un uso mínimo de un artículo on line requiere de un acuerdo de licencia con la organización que lo produjo.
Google, que tiene en sus manos el control y el futuro de gran parte de la economía en Internet no se quedó de brazos cruzados ante las acusaciones y salió a dar su punto de vista. Aunque muy diplomáticamente, le dio a los diarios del mundo pautas claras de cómo deberían obrar de aquí en adelante. (Ver documento adjunto: La respuesta de Google)
Lejos de quedar allí la discusión, Robert Posner, uno de los jueces más conocidos e influyentes de estados Unidos ha ido más lejos y ha propuesto prohibir los links entre páginas webs al menos que haya una autorización expresa del sitio al que el enlace dirige. La idea es evitar que blogs e indexadores enlacen sin pagar a cambio del uso del contenido. Esto supone también la anulación de las citas que permite la reproducción de fragmentos breves con copyright.
Se trataría de ampliar los derechos de autor a la prohibición del acceso on line a materiales con copyright sin el consentimiento del titular de esos derechos, o a prohibir enlazar o citar materiales con copyright sin esa autorización del titular:
“Los bloggers son parásitos de los medios de comunicación convencionales. Copian las noticias y la opinión generada por los medios, a menudo con un coste considerable, sin aportar nada a cambio. El grado de parasitismo es sorprendente en el caso de los blogs que ofrecen a sus lectores enlaces a los artículos de periódicos. Los vínculos permiten a la audiencia leer esos artículos sin necesidad de comprar el periódico.”
¿Existe la inteligencia colectiva en el periodismo?
Está claro que los medios digitales aumentan la experiencia colaborativa de los usuarios. Pero, ¿realmente existe una inteligencia colectiva en el periodismo? ¿Existe la construcción de la información como experiencia colectiva? ¿Tienen importancia tienen los comentarios en un medio de comunicación? ¿Tienen valor tienen los comentarios en general? (Ver texto adicional: Para qué sirven los coemntarios de los lectores)
La respuesta para todo esto es, no.
Los usuarios casi nunca aportan a la construcción de las noticias. Salvo contadas y excepcionales ocasiones (como las fotos publicadas durante la guerra de Irak que mostraban la tortura de los soldados a los talibanes) el lector de diarios es simplemente eso, un lector. Un espectador que busca obtener la información de un medio en el que confía.
Las experiencias colaborativas en los medios son escasas, por algo, a casi diez años seguimos citando como ejemplo (casi único) al diario colaborativo sudcoreano Ohmynews, del que no hay que perder de vista que fue desarrollado dentro de un contexto muy particular.
Para muchos podría ser el paradigma del periodismo participativo, del periodismo ciudadano, incluso se lo ha llegado a llamar periodismo democrático. ¿Pero realmente existen webs colaborativas democráticas o siempre quedan en manos de muy pocos?
Recientemente, Pablo Mass del diario Clarín escribió un artículo en el blog Economedia muy interesante sobre el libro Click: what millions of people are doing online and why it matters, de Bill Tancer que bien vale la pena reproducir.
“El autor es el gerente general de la consultora hitwise (hitwise.com), y un experto en medir el tráfico de internet, para lo cual cuenta con una base de datos de 10 millones de usuarios en EE.UU. No trabaja con encuestas, sino que puede saber qué hacen los usuarios de internet y no lo que dicen que hacen. El capítulo 7 está dedicado a la Web 2.0, también llamada la web "participativa", es decir la de los blogs, wikis, youtube, flickr, etc.
Tancer midió la participación de los usuarios en tres famosos sitios Web 2.0: YouTube, Flickr y Wikipedia, y lo que encontró fue sorprendente. "En el caso de YouTube, de todas las visitas al sitio por parte de usuarios estadounidenses, solo el 0,16% fueron para subir contenidos de video. Para el sitio de fotos Flickr, 0,18% de las visitas al sitio fueron para subir fotos, las restantes fueron simplemente de personas que miraron el vasto contenido de fotos. Los datos de Wikipedia mostraron algo bastante diferente. Mas del 3,5% de las visitas a Wikipedia fueron identificadas como alguien que ingresó texto después de clikear el botón edit this text"(Pg.125)
Los hallazgos de Tancer confirman la llamada “regla del 90-9-1”, formulada por primera vez en 2006 por Jakob Nielsen, uno de los gurúes de internet y experto en la "usabilidad" de los sitios Web. Nielsen dice que el 90% de los usuarios on line de un sitio web determinado son “lurkers” (simples espectadores pasivos. El 9% contribuye ocasionalmente y solo el 1% de los usuarios online son contribuyentes activos. Nielsen llamó a este fenómeno participación inequitativa y lo graficó de este modo:
-Ver Imagen 1-
Tancer: "Es irónico que el concepto de contenidos generados por los consumidores, retratados en los medios de comunicación como la fuerza democratizadora que le otorga poder a los consumidores para participar en la conversación en lugar de limitarse a escuchar, está realmente limitada a una muy pequeña fracción de todos los visitantes de internet" (Pag. 124) Chris Wilson, en un artículo en Slate, escribe algo similar: "Los medios sociales como Wikipedia y Digg son celebrados como brillantes ejemplos de la democracia Web, lugares construidos por millones de usuarios Web en los que todos actúan como escritores, editores y votantes. En realidad, un pequeño número de personas está dirigiendo el show". Wilson cita un trabajo de investigadores de Palo Alto, que sostiene que el 1% de los editores de Wikipedia son responsables de cerca de la mitad de las ediciones
Veamos la última encuesta de Forrester para ver como evolucionaron estas categorías en 2007 y 2008:
-Ver Imagen 2-
El cuadro muestra que, en 2008, la audiencia participativa, activa, la de los "periodistas ciudadanos" de la que escribe Dan Gilmor en We The Media aumentó, pero las cifras muestran que la categoría que más crece (21 puntos porcentuales) es la de los simples espectadores, los que leen blogs, miran los videos subidos por otros y escuchan los podcasts.”
Qué hacer entonces
Obviamente no se puede pensar en abolir completamente el copyright. El derecho del autor de percibir ganancias por la explotación de su obra debe sostenerse. Hay que buscar y trabajar en una forma justa y parcial. Por caso, no es lo mismo un fabricante que usa una figura de Disney para hacer merchandising que un niño que pega una figurita para un trabajo en la escuela.
De nuevo surgen las preguntas: ¿alcanza con citar al autor? ¿Alcanza con poner un link hacia la fuente original de la información? ¿Se pueden usar fragmentos? ¿Cuántos? ¿Qué pasa al embeber un video con contenido de otro sitio? ¿Se debe sistematizar la forma de citar una fuente?¿es viable que los autores de los trabajos perciban una retribución económica por la publicación de sus trabajos en medios distintos del que está contratado?
Los derechos del autor deben protegerse y no pueden quedar sujetos al espíritu reinante de que Internet ha nacido con la gratuidad. Definitivamente la inclusión del símbolo de copyright en un escrito no es medida suficiente para proteger una obra.
Arduo trabajo será definir el alcance de una ley de propiedad intelectual a nivel mundial. Tratando de contemplar los distintos casos, usos y abusos que se le da al material protegido.
La implementación de una ley parcial sobre derechos de autor enfrenta también un gran dilema por resolver, ya que de la mano de las redes sociales y los blogs los actos privados se han convertido en públicos.
No hablamos de creación colectiva sino de usar la creación de otros. Puede que los blogs utilicen efectivamente partes o segmentos de la información para crear sus propias opiniones pero los diarios casi nunca se alimentan de estos para crear nuevas noticias.
Es verdad que muchos blogs y sitios respetan la firma del autor, pero hay que saber que los autores nunca reciben un peso por la explotación de sus noticias.
Alguien dirá que los medios gráficos están subidos a la Web porque quieren pero, ¿qué opción les queda? ¿No subir sus ediciones a la Red? No hay dudas que alguien lo hará por ellos.
El éxito y el futuro de los medios está en la inteligencia colectiva sin dudas. En cómo la sociedad global encuentre una nueva forma de cuidar a los que producen las obras. Al fin y al cabo la idea original del copyright fue la de garantizar y mantener en el tiempo la creación de obras escritas, de asegurarnos más cultura y en este sentido, que los diarios puedan mantenerse es indispensable para asegurar el derecho de todos a la información.
por Rodrigo Rojas (La Voz del Interior, ARG)
Junto a la industria del ocio y la cultura - léase compañías discográficas, la industria del cine y la literatura- los medios periodísticos y principalmente los diarios, han sufrido el fuerte cimbronazo que supuso la aparición de Internet y los nuevos medios de distribución de la información. Pero desde un año hacia atrás, la crisis global, las crisis locales, la estruendosa caída de la pauta publicitaria y la acelerada caída en la circulación han desatado lo que muchos editores de los principales medios del mundo denominan como “la tormenta perfecta”.
En este contexto es que se desarrolla el debate por los derechos autorales en los medios periodísticos. Debate que cuenta con dos actores principales. Con pensamientos, anhelos e ideas por momentos más o menos disímiles, pero inevitablemente con un claro lugar de encuentro: el dinero.
Por un lado están las empresas periodísticas con la necesidad de producir ganancia y por el otro los periodistas que para ellas trabajan que, editorialmente pueden estar más o menos cerca del medio pero que, reconozcámoslo, también necesitan y quieren ganar dinero. (Ver documento adjunto: Los periodistas quieren ganar dinero).
Para entender mejor esta problemática es bueno marcar que existen dos tipos de derechos: los económicos (copyright) y los morales. Los periodistas cuando firman su contrato laboral ceden los derechos económicos a la empresa periodística a cambio de un salario. Mientras que los derechos morales dan al autor el derecho inalienable e intransferible de reclamar la autoría de la obra y de oponerse a cualquier falseamiento, mutilación y atentado contra su obra que pudiese hacerse en menoscabo de su honor o de su reputación. Los derechos morales son complementarios de los derechos económicos del autor al proteger la paternidad e integridad de su obra.
Si bien el problema de los derechos de autor sobre la producción periodística parece ser uno solo, resulta conveniente reflexionar en forma independiente sobre el alcance y los intereses de cada uno de estos actores.
En este caso, haremos foco sobre el fin que persiguen las empresas periodísticas cuando reclaman por hacer valer los derechos de autor de su producción, protegiendo su bien más preciado que es la producción de contenidos diferenciales, los problemas por los que atraviesan y las acciones que comienzan a tejer en busca de revertir una situación de crisis económica que las ha puesto en jaque.
Las empresas periodísticas
Durante décadas la prensa escrita ha gozado del privilegio de dominar el mercado de la información. Ha gozado de la bonanza de ser la dueña de las imprentas (nadie copia el diario a mano y fotocopiarlo resulta más caro y engorroso que el valor de tapa). Pero todo esto acabó con Internet, la conectividad creciente, las herramientas de publicación que les permiten a los usuarios distribuir y compartir la información sin mayores inversiones tecnológicas.
La crisis y la vertiginosa caída de los ingresos por publicidad amenazan ya de forma real la supervivencia de muchos periódicos. En este mercado de abundancia de información los medios no pueden crear escasez.
Ante este panorama los diarios buscaron todo tipo de alternativas para sostener la circulación de sus ediciones impresas. En los últimos años han abusado de los anabólicos (productos que acompañan a las ediciones impresas) y han hecho muchos intentos editoriales como los diarios locales por ejemplo.
Pero, ¿cómo enfrentan la crisis desde sus ediciones Web, que son gratuitas y fácilmente copiables?. La publicidad pareciese ser la fórmula, pero es sabido que la misma no se ha trasladado a los medios digitales, ni en cantidad ni en precio. La torta publicitaria se reparte en muchísimas más porciones en Internet. Los comerciantes aún prefieren ver sus marcas en el papel y las agencias de publicidad no han logrado todavía seducirlos al paso digital. Este es el gran dilema que deben resolver los medios.
Mientras tanto, la forma de atraer atención y tráfico fundamentalmente, es generar un producto diferencial. Crear contenidos profundos, únicos y novedosos. Pero, es sabido que para esto necesitan sostener sus estructuras profesionales y esto es dinero, mucho dinero. Porque además de mantener su plantilla de periodistas y fotógrafos especializados, la diversificación de sus productos (sitios de Internet con producción de audio y video) hace que deban realizar una constante y fuerte inversión en tecnología. Crecer en tráfico, también supone crecer en distintos soportes técnicos.
Los proyectos web de los medios gráficos en sus primeros años fueron subvencionados por la edición impresa. Pero hoy, cuando parecen haberse acabado los huevos de oro de la gallina, las empresas deben encontrar soluciones rápidamente, ya no hay tiempo para esperar ni un segundo más. El público no sólo ha dejado de leer el diario, sino que ha decidido dejar de pagarlo.
El primer impulso parece ser cobrar por los contenidos. Robert Murdoch, dueño de The Wall Strett Journal junto a otros editores han comenzando a elaborar estrategias para acabar con la experiencia gratuita de la lectura en Internet. Ya han dicho que en un plazo no muy lejano habrá que pagar por el acceso a los contenidos. Pero no será sencillo, el diario El País de España cerró sus contenidos por unos años para luego volver a abrirlos. Y esto da para pensar si el cerrojo es una opción viable.
La crisis financiera de los medios obviamente agudiza el conflicto por los derechos de copia de sus artículos. Y en este sentido Associated Press (la agencia de medios de Estados Unidos) luego de acusar a los indexadores de noticias como Google y Yahoo de alimentarse de los contenidos producidos por los periódicos y ganar millones con ellos ha anunciado la creación de sistema informático para detectar el copy&paste de sus contenidos en Internet. Incluso la agencia pretende cobrar por la publicación de titulares con links a sus noticias por parte de terceros.
Tom Curley, presidente y director ejecutivo de AP dijo que incluso un uso mínimo de un artículo on line requiere de un acuerdo de licencia con la organización que lo produjo.
Google, que tiene en sus manos el control y el futuro de gran parte de la economía en Internet no se quedó de brazos cruzados ante las acusaciones y salió a dar su punto de vista. Aunque muy diplomáticamente, le dio a los diarios del mundo pautas claras de cómo deberían obrar de aquí en adelante. (Ver documento adjunto: La respuesta de Google).
Lejos de quedar allí la discusión, Robert Posner, uno de los jueces más conocidos e influyentes de estados Unidos ha ido más lejos y ha propuesto prohibir los links entre páginas webs al menos que haya una autorización expresa del sitio al que el enlace dirige. La idea es evitar que blogs e indexadores enlacen sin pagar a cambio del uso del contenido. Esto supone también la anulación de las citas que permite la reproducción de fragmentos breves con copyright.
Se trataría de ampliar los derechos de autor a la prohibición del acceso on line a materiales con copyright sin el consentimiento del titular de esos derechos, o a prohibir enlazar o citar materiales con copyright sin esa autorización del titular:
“Los bloggers son parásitos de los medios de comunicación convencionales. Copian las noticias y la opinión generada por los medios, a menudo con un coste considerable, sin aportar nada a cambio. El grado de parasitismo es sorprendente en el caso de los blogs que ofrecen a sus lectores enlaces a los artículos de periódicos. Los vínculos permiten a la audiencia leer esos artículos sin necesidad de comprar el periódico.”
¿Existe la inteligencia colectiva en el periodismo?
Está claro que los medios digitales aumentan la experiencia colaborativa de los usuarios. Pero, ¿realmente existe una inteligencia colectiva en el periodismo? ¿Existe la construcción de la información como experiencia colectiva? ¿Tienen importancia tienen los comentarios en un medio de comunicación? ¿Tienen valor tienen los comentarios en general? (Ver texto adicional: Para qué sirven los comentarios de los lectores).
La respuesta para todo esto es, no.
Los usuarios casi nunca aportan a la construcción de las noticias. Salvo contadas y excepcionales ocasiones (como las fotos publicadas durante la guerra de Irak que mostraban la tortura de los soldados a los talibanes) el lector de diarios es simplemente eso, un lector. Un espectador que busca obtener la información de un medio en el que confía.
Las experiencias colaborativas en los medios son escasas, por algo, a casi diez años seguimos citando como ejemplo (casi único) al diario colaborativo sudcoreano Ohmynews, del que no hay que perder de vista que fue desarrollado dentro de un contexto muy particular.
Para muchos podría ser el paradigma del periodismo participativo, del periodismo ciudadano, incluso se lo ha llegado a llamar periodismo democrático. ¿Pero realmente existen webs colaborativas democráticas o siempre quedan en manos de muy pocos?
Recientemente, Pablo Mass del diario Clarín escribió un artículo en el blog Economedia muy interesante sobre el libro Click: what millions of people are doing online and why it matters, de Bill Tancer que bien vale la pena reproducir.
“El autor es el gerente general de la consultora hitwise, y un experto en medir el tráfico de internet, para lo cual cuenta con una base de datos de 10 millones de usuarios en EE.UU. No trabaja con encuestas, sino que puede saber qué hacen los usuarios de internet y no lo que dicen que hacen. El capítulo 7 está dedicado a la Web 2.0, también llamada la web "participativa", es decir la de los blogs, wikis, youtube, flickr, etc.
Tancer midió la participación de los usuarios en tres famosos sitios Web 2.0: YouTube, Flickr y Wikipedia, y lo que encontró fue sorprendente. "En el caso de YouTube, de todas las visitas al sitio por parte de usuarios estadounidenses, solo el 0,16% fueron para subir contenidos de video. Para el sitio de fotos Flickr, 0,18% de las visitas al sitio fueron para subir fotos, las restantes fueron simplemente de personas que miraron el vasto contenido de fotos. Los datos de Wikipedia mostraron algo bastante diferente. Más del 3,5% de las visitas a Wikipedia fueron identificadas como alguien que ingresó texto después de clikear el botón edit this text" (Pág.125).
Los hallazgos de Tancer confirman la llamada “regla del 90-9-1”, formulada por primera vez en 2006 por Jakob Nielsen, uno de los gurúes de internet y experto en la "usabilidad" de los sitios Web. Nielsen dice que el 90% de los usuarios on line de un sitio web determinado son “lurkers” (simples espectadores pasivos. El 9% contribuye ocasionalmente y solo el 1% de los usuarios online son contribuyentes activos. Nielsen llamó a este fenómeno participación inequitativa y lo graficó de este modo:

Tancer: "Es irónico que el concepto de contenidos generados por los consumidores, retratados en los medios de comunicación como la fuerza democratizadora que le otorga poder a los consumidores para participar en la conversación en lugar de limitarse a escuchar, está realmente limitada a una muy pequeña fracción de todos los visitantes de internet" (Pag. 124) Chris Wilson, en un artículo en Slate, escribe algo similar: "Los medios sociales como Wikipedia y Digg son celebrados como brillantes ejemplos de la democracia Web, lugares construidos por millones de usuarios Web en los que todos actúan como escritores, editores y votantes. En realidad, un pequeño número de personas está dirigiendo el show". Wilson cita un trabajo de investigadores de Palo Alto, que sostiene que el 1% de los editores de Wikipedia son responsables de cerca de la mitad de las ediciones.
Veamos la última encuesta de Forrester para ver como evolucionaron estas categorías en 2007 y 2008:

El cuadro muestra que, en 2008, la audiencia participativa, activa, la de los "periodistas ciudadanos" de la que escribe Dan Gilmor en We The Media aumentó, pero las cifras muestran que la categoría que más crece (21 puntos porcentuales) es la de los simples espectadores, los que leen blogs, miran los videos subidos por otros y escuchan los podcasts.”
Qué hacer entonces
Obviamente no se puede pensar en abolir completamente el copyright. El derecho del autor de percibir ganancias por la explotación de su obra debe sostenerse. Hay que buscar y trabajar en una forma justa y parcial. Por caso, no es lo mismo un fabricante que usa una figura de Disney para hacer merchandising que un niño que pega una figurita para un trabajo en la escuela.
De nuevo surgen las preguntas: ¿alcanza con citar al autor? ¿Alcanza con poner un link hacia la fuente original de la información? ¿Se pueden usar fragmentos? ¿Cuántos? ¿Qué pasa al embeber un video con contenido de otro sitio? ¿Se debe sistematizar la forma de citar una fuente?¿es viable que los autores de los trabajos perciban una retribución económica por la publicación de sus trabajos en medios distintos del que está contratado?
Los derechos del autor deben protegerse y no pueden quedar sujetos al espíritu reinante de que Internet ha nacido con la gratuidad. Definitivamente la inclusión del símbolo de copyright en un escrito no es medida suficiente para proteger una obra.
Arduo trabajo será definir el alcance de una ley de propiedad intelectual a nivel mundial. Tratando de contemplar los distintos casos, usos y abusos que se le da al material protegido.
La implementación de una ley parcial sobre derechos de autor enfrenta también un gran dilema por resolver, ya que de la mano de las redes sociales y los blogs los actos privados se han convertido en públicos.
No hablamos de creación colectiva sino de usar la creación de otros. Puede que los blogs utilicen efectivamente partes o segmentos de la información para crear sus propias opiniones pero los diarios casi nunca se alimentan de estos para crear nuevas noticias.
Es verdad que muchos blogs y sitios respetan la firma del autor, pero hay que saber que los autores nunca reciben un peso por la explotación de sus noticias.
Alguien dirá que los medios gráficos están subidos a la Web porque quieren pero, ¿qué opción les queda? ¿No subir sus ediciones a la Red? No hay dudas que alguien lo hará por ellos.
El éxito y el futuro de los medios está en la inteligencia colectiva sin dudas. En cómo la sociedad global encuentre una nueva forma de cuidar a los que producen las obras. Al fin y al cabo la idea original del copyright fue la de garantizar y mantener en el tiempo la creación de obras escritas, de asegurarnos más cultura y en este sentido, que los diarios puedan mantenerse es indispensable para asegurar el derecho de todos a la información.
Actualizado ( Miércoles, 09 de Septiembre de 2009 15:44 )


Derechos de autor en la empresa periodística

